Era
sábado por la tarde, y la familia de Mariela descansaba del asado
bajo el toldo del patio. La madre, gorda y hermosa, de pechos
inmensos y un pareo de tela hindú que le cubría las caderas, le
presentó al resto de la familia. Osvaldo, el padre, llevaba anteojos
negros aunque estaba a la sombra; Paulina, la hermana mayor, estaba
vestida como si fuera otoño, con una remera de mangas largas y
pantalones anchos: parecía que no le gustaba la pileta. Tenían dos
perros, Lula y Bauer, que saltaban excitados.
—Mariela
ya viene, dijo Julia, la madre. Fue a comprar helado. ¡Nos
olvidamos del postre!
Paulina
le ofreció un vaso de Coca Cola y le preguntó si quería comer
algo: habían sobrado chorizos, podían hacerle un sándwich, o un
plato de ensalada, si prefería. Verónica dijo que no de pura
vergüenza: en su casa la comida no faltaba pero era siempre la misma
dieta de congelados, hamburguesas y pizza. Hubo un silencio incómodo
y Verónica vio cómo los padres de Mariela intercambiaban miradas.
Fue la madre, finalmente, la que se atrevió:
—Nos
contó Mariela que tu hermano murió hace unos meses.
Verónica
no contestó. Pero la madre de Mariela insistió:
—¿Cómo
están tus padres?
—Bien.
Otro
silencio. Solamente se escuchaban a los perros, peleando por un
hueso, que resoplaban en el calor del patio.
Traduction temporaire :
C'était un samedi après-midi, et la famille de Mariela se reposait après le barbecue sous le store du patio. La mère, grosse et belle, aux seins immenses et un paréo de toile hindoue sur les hanches, lui présenta le reste de la famille. Bien qu'il se trouvât à l'ombre, Osvaldo, le père, portait des lunettes de soleil ; Pauline, la sœur aînée, était habillée comme en automne, avec un T-shirt à manches longues et un pantalon ample : elle avait l'air de ne pas aimer la piscine. Ils avaient deux chiens, Lula et Bauer, qui sautaient, excités.
— Mariela arrive, annonça Julia, la mère. Elle est partie acheter des glaces. Nous avons oublié le dessert !
Paulina lui offrit un verre de Coca Cola et lui demanda si elle voulait manger quelque chose : il restait du chorizo, on pouvait lui faire un sandwich, ou une assiette de salade, si elle préférait. Verónica refusa par pure honte : chez elle, on ne manquait pas de nourriture, mais il s'agissait toujours du même régime à base de surgelés, hamburgers et pizza. Il y eut un silence gêné et Verónica vit que les parents de Mariela échangeaient des regards. Ce fut la mère qui, finalement, se risqua :
— Mariela nous a raconté que ton frère est mort il y a quelques mois.